Estaba leyendo un artículo en una conocida revista, sobre un niño con problemas de autismo, y que por medio de un perrito fue que sus padres pudieron empezar a tener una verdadera relación de padres-hijo. ¿Quién no ha escuchado/leído sobre alguna persona con alguna enfermedad o problema mental o físico que haya sido ayudado en gran manera por algún perro o alguna otra mascota?
Se ha hablado mucho sobre terapias con delfines, terapia con caballos y también con perros, para personas que tienen algún problema emocional o bien, para aquellos con alguna enfermad cuyo estado de animo ha decaído, el interactuar con alguno de estos animales les ha ayudado mucho.
Pensaba, ¿Cómo es posible que un animal ayude a las personas a recuperarse mas rápidamente?, ¿en que consiste la magia que encierra esos seres que muchas veces pueden hacer mucho mas que incluso prestigiados psicólogos o psiquiatras?.
Y es que las personas somos seres complejos, llenos de creencias, ideales, ideas preconcebidas que hemos acumulado a lo largo de nuestra vida, y que al entrar en contacto con otro persona crea una barrera psicológica automática, que encierra nuestro “yo” para evitar ser herido o para evitar mostrar debilidad o cualquiera de esas sensaciones que consideramos de inferioridad para no lastimar nuestro propio ego. Es muy común que los enfermos muchas veces en su sufrimiento creen una barrera que no les permita liberar sus verdaderas emociones, sus miedos, sus frustraciones, y solamente muestran con actitudes hostiles que ellos “sufren” solo para mostrar a los demás y a ellos mismos que son fuertes, soportando el dolor y el sufrimiento, aunque claramente, esto no lo dicen, es como muchas personas con enfermedades largas o penosas reaccionan.
El uso de animales en terapias es de mucha ayuda porque no vemos en un perro/gato, etc. a un rival, como a alguien a quien debemos mostrar que somos fuertes, para que nuestro ego no se vea mermado, sino que ante ellos podemos ser nosotros mismos, e interactuar con ellos con nuestro “yo” esencial, aquel “yo” con el que nacimos, ese persona que fuimos cuando éramos bebes y no sentíamos vergüenza, ni miedos, ni nada, porque sencillamente nuestra mente estaba limpia, no había competencia, no había sentido el ganar una pelea o discusión, si estábamos tristes llorábamos, si estábamos felices reíamos, éramos simplemente seres vivos.
Con un animal, un enfermo puede dejar fluir su “yo primitivo” aquel que era sano, y eso purifica el alma, quitando las pesadas cargas de “adulto” (la carrera por ser alguien en la vida, etc.) que nosotros mismos ponemos a nuestras espaldas. Mucho se ha discutido sobre si el buen ánimo y la alegría ayudan a curar enfermedades. ¡Claro que ayudan!, las personas no solamente somos maquinas a las que con una pastilla se arregla todo como si de echarle aceite a un motor se tratase, somos seres con sentimientos, emociones, deseos, miedos, etc. somos el conjunto de todo eso, y una enfermedad no solo mina el cuerpo, sino también, muchas veces, nuestra alma, y un alma enferma a su vez enferma también al cuerpo.
Creo que las terapias con animales son de gran ayuda para poder hacer contacto con ese “yo niño” que existe en nosotros, y que hemos ocultado para poder mostrar nuestro “yo adulto” ese que se tiene que preocupar por las cosas que pasan en este mundo y por ser “el mejor de la clase”, “el mejor de la empresa” o “el mejor en todo” ese “yo adulto” que pierde el placer de competir por el placer de ganar.
Es imposible olvidarse de las actividades de la vida diaria, pero es preciso conectarnos más a menudo con aquel niño que quedo enclaustrado en el cuerpo de un adulto, y darle la libertad y entonces nosotros obtendremos la felicidad y la paz quieta que tuvimos en la infancia.

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